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El molinete: parque...arqueológico ¿?

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En el recién inaugurado parque del Molinete se detectan diversas carencias que deben ser conocidas por todos los cartageneros.

En primer lugar, la incongruencia de encontrar dos zonas de juego y columpios en un parque que se supone arqueológico. Estas zonas de juegos, dada la zona en la que se encuentran, tampoco reúnen las condiciones más adecuadas para el desarrollo de las actividades lúdicas para las que se suponen se dispusieron.

Llama poderosamente la atención como junto a una de esas referidas zonas de juego se encuentra el castellum aquae completamente abandonado, al que no sólo no se ha consolidado o restaurado; la circunstancia es que ni siquiera se ha protegido para frenar su deterioro. Hay que recordar que los restos allí localizados están fabricados en arenisca, material que sufre especialmente a la intemperie si no se trata adecuadamente.

La cima del cerro, y es posible que muchos de los visitantes no se hayan dado cuenta, está coronada por un edificio religioso, la denominada aedicula de Atargatis, construcción que se remonta a al siglo III a.C. y de la que se conservan las cimentaciones y la pavimentación. Es precisamente esa pavimentación, en la que se localizó, allá por el año 1977, un mosaico en opus signinum con teselas, la que nos da el dato de a quién estaba dedicado este espacio religioso. Este edificio, y con él su mosaico, no están protegidos de manera alguna, ya no ante las inclemencias del tiempo, sino ante las pisadas o juegos de visitantes que realmente no saben ante que se encuentran. Y es que, además de la inexistente protección, tampoco existe ningún tipo de explicación que señale al visitante, y de esa manera pueda apreciar realmente, ante que construcción se hallan. Cabe recordar que este mosaico no se construyó hace más de dos mil trescientos años para estar a la intemperie, se incluía en un espacio cerrado y por ello no está preparado para soportar lluvia, frío o viento. Debería estar protegido y debidamente explicado. Esta misma situación de desinformación se repite en el conocido como templo negro, dado el material con el que se construyó, la andesita volcánica del color que da nombre a este edificio del que no se conoce advocación.

La propia disposición de los elementos del parque lo hacen peligroso para los visitantes, existen terraplenes y cambios de rasante muy marcados, además de los cantos vivos de escalones y cambios de nivel forrados en metal, que hacen extremadamente peligrosa una posible caída.

El planteamiento general del cerro como parque no respeta los restos arqueológicos en su conjunto, ya que éstos se cubren y se planta encima de los mismos; y, quizás con especies vegetales protegidas que posteriormente no se puedan arrancar. Los aterrazamientos del cerro han sido cubiertos, posiblemente con los mismos escombros producidos tras la intervención arqueológica, con lo que se rompe con la visión general del yacimiento que es el cerro en sí, y, además, esconde posibles restos allí localizados. Incluso restos ya excavados y estudiados han sido cubiertos, no sabemos si en las debidas condiciones, y se priva al público en general de su conocimiento y disfrute. Cabe destacar así, la existencia de un lararium en una zona de vivienda de época romana en la que se conservan muros con estucados que ya en el año 1999 fueron protegidos y consolidados.

Señalar también la situación en la que se encuentra el templo capitolino, ya localizado y estudiado desde el año 1998 y objeto de nuevas intervenciones en el año 1999 por el equipo dirigido por Blanca Roldán y Luís de Miquel. El estado de abandono y consecuente deterioro del templo es lamentable. Todo el área en torno al templo está sucia, cubierta de plantas y abandonada por completo.

No se entiende cómo un gran yacimiento como es el cerro del Molinete en su conjunto puede tratarse de forma tan desigual dependiendo de qué zona estemos hablando. Cierto es que se debe actuar por zonas, éso es obvio, pero ¿por qué no se consolidó y protegió al menos esa zona ya sacada a la luz con anterioridad? ¿por qué no se ha hecho un reparto más equitativo del dinero disponible para proteger y poner en valor los restos arqueológicos? ¿la importancia de los restos de qué depende?, ¿de los restos en sí?, ¿o de quién los excava?. No es justo para la ciudad que se pierdan restos de tanto valor histórico. Más, cuando esos restos abandonados y cada vez más deteriorados están junto a una fastuosa obra de cubrición y dentro de un perímetro de una zona protegida que cierran unas costosas vallas de metacrilato.

Y, por último, y quizá una cuestión sentimental y simbólica, ¿por qué razón este supuesto parque arqueológico no lleva el nombre de una de las personas que más ha luchado por la conservación de los restos en esta histórica colina y por desgracia no puede seguir luchando? ¿por qué el parque no lleva el nombre de Blanca Roldán? Se me ocurre una poderosa razón: a ella, estamos seguros, no le hubiera gustado nada como han tratado el yacimiento.

¡ Piénsenlo !